Causa gran pesar que instituciones emblemáticas y de alta incidencia e influencia social, académica o gremial se agrieten o destruyan a causa de conflictos vacuos o por excesivas ambiciones personales o de grupos.
Es el penoso caso del Colegio de Abogados de la República (CARD) donde se ha desatado una crisis entre sus directivos que se acusan mutuamente de chantaje o uso irracional de los recursos de la entidad.
El presidente del Colegio, doctor José Fernando Pérez Vólquez, ha acusado al secretario general y a otros directivos de pretender salarios de 130 mil pesos y yipetas nuevas, pero éstos a su vez, acusan al titular de manejar a su antojo las cuentas del gremio.
Es menester recordar que el Colegio de Abogados es por ley, asesor del Estado en todo lo relacionado al diseño y aplicación del ordenamiento jurídico nacional. Por tanto duele mucho saber que esa entidad se pueda debilitar a causa de una crisis originada en la insensatez.
Son muchos los colegios, gremios, sindicatos y asociaciones que se han destruido o quedado en situación anémica a causa de desavenencias relacionadas con ventajas o desventajas de sus dirigentes. Es una pena.
