Página Dos

Cójanlo

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Lejos de ceder frente a la jornada de protestas para que abandone el poder, el dictador egipcio Hosni Mubarak maniobra para prolongar su mandato. Acorralado por la presión, no ha hecho más que militarizarlo bajo el disfraz de una remodelación. Murabak, paradójicamente mediador por la paz en  Medio Oriente, en tanto niega libertades a su pueblo que gobierna con mano de hierro desde hace 30 años, ha nombrado un general como vicepresidente y a otro como primer ministro. Con esas maniobras busca aplacar las exigencias de reformas profundas que le ha exigido la comunidad internacional, específicamente Estados Unidos, pero a la vez intimidar a los egipcios que, al estilo Túnez, han tomado las calles en reclamo de libertades y mejores condiciones de vida.  El caso de Egipto es uno de los más emblemáticos del convulso mundo árabe, sacudido por candentes protestas sociales, todas con el mismo corte, tras los acontecimientos que llevaron al dictador tunecino Ben Ali a huir del poder. Con sus 80 millones de habitantes no es sólo la nación más poblada del mundo árabe, sino la que más ayuda recibe de Estados Unidos.

El Nacional

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