No hay manera de hacer entender a intervinientes en el Poder Judicial y Ministerio Público que los jueces se pronuncian por sentencia y los fiscales por dictámenes, que esos magistrados no son ni deben ser morocotas de oro, ni defender sus decisiones por ningún otro medio que no sea mediante el escrito motivado que acuerda la ley. Los jueces ni los fiscales discuten o pelean, ni tampoco auspician conciliábulos. Esos funcionarios, lo mismo que intervinientes en el proceso penal, se comunican por vía del correo judicial, que son las notificaciones o emplazamientos que tramitan los alguaciles o ministeriales. A los jueces ni a los fiscales les es dable hablar por radio, televisión u ofrecer declaraciones a la prensa, porque la ley les señala protocolo y forma de expresar sus opiniones o decisiones sobre tal o cual expediente puesto a su consideración. En otras palabras: Jueces y fiscales no son o no deben comportarse como bufones de la corte.
