Como medio de vida y de servicio el motoconcho es un sistema que requiere de regulaciones estrictas para garantizar la seguridad de sus usuarios. Es una realidad que sin ese servicio a muchas personas se les dificultaría el transporte, pues hay zonas de las ciudades donde no se puede penetrar en otras unidades. Pero además de arriesgado por la ausencia de una eficaz supervisión, los motoconchistas y los importadores de motocicletas enfrentan muchas otras dificultades. Lo primero es con la placa, cuya expedición, de acuerdo con personas ligadas al negocio, se toma un tiempo excesivo. En tal sentido el empresario Adolfo Pérez, uno de los principales importadores de mtococicletas usadas, ha propuesto un plazo de 90 días para completar todos los trámites legales, expidiéndose mientras tanto a los usuarios una placa de exhibición. La salida permitiría mayor control a las propias autoridades sobre la importación y circulación de las unidades. Por los obstáculos burocráticos los motonchistas tienen que salir a buscar el moro sin los papeles en regla, encontrándose en problemas con la Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet).
