Víctima corrupción
Con una corrupción que torna más patética su pobreza, el panorama haitiano es mucho más desesperanzador. En lugar del camino de la migración, que parece la salida más cómoda, los haitianos tendrán que aprender a enfrentar males que los hunden más en el atraso. Son comprensibles las dificultades para salir del círculo vicioso, pero hoy la nación tiene menos excusas para combatir la corrupción y la impunidad.
Los Gobiernos y las entidades internacionales han expresado muchas reservas para cooperar con el desarrollo de la empobrecida República porque todas las ayudas se quedan en las uñas de sectores corruptos.
El propio presidente Jovenel Moïse ha reconocido que bajo todas sus formas la corrupción gangrena y atrofia la economía, pero no acaba de dar un paso al frente para combatir los males. Aunque el sistema judicial sea débil, Moïse tiene a su favor que cuenta con una mayoría legislativa como para impulsar reformas que transparenten el destino de los recursos públicos y pongan tras las rejas a los funcionarios enriquecidos con el erario.
Hace unos meses circuló un informe que vincula a unos 15 exministros con una “estafa a gran escala” entre 2010 y 2016, pero a la fecha no se ha dado ningún paso para establecer la verdad.
