Los feminicidios se afianzan como una epidemia que cobra cada día más víctimas, cuestionando incluso las decisiones de las autoridades para combatirlos.
Los casos son más dolorosos cuando pueden evitarse, como ocurrió en Villa Duarte con la muchacha de 16 años que tenía un hijito en sus brazos cuando fue abatida a balazos por su expareja, un raso del Ejército que la amenazaba de muerte.
Paola Féliz había denunciado un día antes a Adonis Rosario, como en otras ocasiones, pero la protección no llegó a tiempo para evitar el crimen. Con la detención de Rosario se anunciará la clásica investigación, que nunca se sabe en qué termina.
La Procuraduría General de la República tiene en el feminicidio del domingo en Villa Duarte otro caso para complementar o hacer cumplir las múltiples medidas que se han anunciado para combatir una epidemia que forma parte de los males sociales que golpean a la población.
Los asesinatos de mujeres no pueden excluirse de la violencia social que late en la nación, sin importar el sesgo con que desde el poder se quiera abordar la problemática. En la muerte de la muchacha las autoridades tienen otro doloroso caso sobre la magnitud de los feminicidios.

