Barril de pólvora
La advertencia de la Conferencia del Episcopado de que en Nicaragua habrá más sangre y dolor si el presidente Daniel Ortega no accede a la propuesta de democratización del poder traduce con toda claridad cuán delicado es el panorama en la nación centroamericana. Durante el diálogo coordinado por la Iglesia católica, Ortega pidió tiempo para reflexionar sobre una respuesta.
Sin embargo, no ha hecho más que atrincherarse en el poder, dándole largas a la respuesta, en tanto la Policía y las fuerzas parapoliciales han incrementado la represión contra los estudiantes y civiles que han protagonizado las protestas que desde el 18 de abril a la fecha han dejado unos 135 muertos.
El vocero de la Conferencia del Episcopado, el obispo Abelardo Mata, advirtió de más sangre y dolor si el mandatario no toma conciencia de la crisis, mientras otro obispo, Silvio Báez, criticó que el Gobierno recurra al cinismo como sedante para no afrontar la realidad “como un sedante para soportar la vergüenza por el mal cometido y como un estimulante para dar apariencia de fortaleza”.
La suerte de Nicaragua, instalada sobre un barril de pólvora, es más que incierta.

