Crímenes desafiantes
El asesinato por sicarios a plena luz del día en el centro de Santiago de un comerciante y un operador de guagua cuestiona el aparatoso patrullaje policíaco-militar contra la criminalidad y la delincuencia.
Ramón Antonio Tejada y Antonio Minaya Toribio fueron abatidos por pistoleros que se desplazaban en una motocicleta mientras se encontraban en la caseta de una parada de autobuses en la céntrica calle 30 de Marzo. Que los sucesos ocurran en medio del despliegue de policías y militares para preservar la seguridad ciudadana torna el hecho más tenebroso, al margen de las razones. Perseguir y detener a los autores materiales e intelectuales no es la única tarea de las autoridades.
El doble crimen plantea la urgente necesidad de revisar o profundizar las medidas para devolver la seguridad a las calles.
Las circunstancias en que fueron ultimados Tejada, quien residía en Santo Domingo y viajaba a Santiago a asuntos de negocios, y el operador de ruta de autobuses, sugiere que la criminalidad no teme la militarización de las calles cuando se trata de cumplir sus propósitos. Las autoridades tienen que ver las dos muertes como lo que es: un desafío.

