Cumbre borrascosa
De la cumbre entre los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y de Rusia, Vladimir Putin, no se tenía mayores expectativas. A pesar de algunas disonancias, en el fondo tal parece que ambos líderes necesitaban encontrarse para intercambiar afectos. Más que dos grandes rivales Trump y Putin parecen dos grandes aliados. Putin no sorprendió a la comunidad internacional al declarar que deseaba la victoria de Trump en las elecciones de Estados Unidos, porque se trata de lo que todos saben. Sin embargo, para darle una manito a su colega en la investigación sobre la supuesta injerencia de Rusia en los comicios, Putin negó cualquier intervención de su país en el proceso. El magnate ruso declaró, como si hablara en su país, donde todo se acepta y nada se cuestiona, que deseaba el triunfo del republicano para mejorar la “maltrecha” relación con Estados Unidos. La reciprocidad del gobernante estadounidense había sido ya expuesta con su afirmación de que desarrollará una relación extraordinaria con su homólogo ruso. Antes de llegar a la cumbre de Helsinski, Trump cargó contra la Unión Europea, que tanto ha combatido las violaciones en Rusia, al declararla un enemigo de Estados Unidos en materia comercial.

