En la batalla contra la drogadicción al menos la Dirección Nacional de Control de Drogas está que no escatima tiempo ni recursos. Es lo que traduce el programa Tolerancia cero creado para reforzar la estrategia contra el criminal negocio.
Pese a la importancia y buenos resultados que atribuye la DNCD al proyecto, está bien todo lo que se haga para enfrentar un enemigo tan peligroso de la vida y la paz como lo es el narco.
Sin embargo, no todo es color de rosas. Las frecuentes dificultades que se atribuye al Ministerio Público limitan los resultados en la batalla contra la drogadicción.
Esa falta de integración fue uno de los principales obstáculos que encontró el general Rafael Ramírez Ferreira cuando dirigía la DNCD y se dice que lo mismo ocurre con el actual incumbente mayor general Gilberto Delgado Valdez.
Se alega que hasta razones políticas y asuntos personales, como ocurriría en Santiago, interfieren en la lucha contra el narcotráfico. Es obvio entonces que de no mediar tales inconvenientes con programas como Tolerancia cero los resultados fueran todavía más auspiciosos.
Alientan todos los esfuerzos que se hagan y las iniciativas que se tomen para combatir un flagelo tan nefasto como la drogadicción. Y si algo cabe esperar es que superen todos los obstáculos en aras de una mayor integración para reducirlo a su mínima expresión.
La criminalidad y la delincuencia de que es víctima la población tienen en el narcotráfico uno de sus principales caldos de cultivo.
