Que asuntos de drogas fueran la causa de la ejecución de un matrimonio en el ensanche Ozama es perturbador. Pero lo más inquietante es que las calles sean el escenario, como si se tratara de una selva o del Viejo Oeste Americano, para dirimir diferencias comerciales o personales. Martín Ventura, de 28 años de edad, y su esposa Arisleidy Peña Paulino, de 21, no han sido los primeros ejecutados en circunstancias que, por demás, resultan espantosas.
Ambos fueron tiroteados a eso de las 8:00 de la noche dentro de un vehículo en la calle Masonería a esquina Curazao, en presencia de un hijo de apenas un año de edad. La Policía ha determinado que la ejecución de los esposos está relacionada con una supuesta deuda que tenían con un vendedor de drogas.
El caso es que no se repara en las leyes ni en nada para cometer crímenes que crean tanta incertidumbre en la población. No se descarta que los autores intelectuales y materiales hayan creído que podían salirse con las suyas. Y no precisamente por sus habilidades para escabullirse, sino porque gozan con algún tipo de protección. En la investigación no deben quedar cabos sueltos.

