La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) ofrece un buen ejemplo de racionalidad al suprimir carreras que han sido reformuladas o que no representan interés para los estudiantes.
Al menos 30 carreras, algunas de las cuales refundadas en otras disciplinas y que en total tenían matriculados unos 168 estudiantes, han dejado de impartirse para fortalecer otras profesiones.
Con la decisión las autoridades economizan cuantiosos recursos, que pueden utilizar para mejorar, a través de la adquisición de equipos y la contratación de profesores, su oferta académica.
Por más importancia que pueda tener para el desarrollo de la nación una carrera con 1, 2, 3 y hasta 13 estudiantes por semestre es una carga financiera difícil de soportar.
La supresión de las carreras forma parte de la reestructuración académica y financiera que impulsa el rector Franklin García Fermín para aprovechar los recursos y mejorar la oferta de la casa de estudios.
En aras de hacer más eficientes sus servicios, la medida debe servir de ejemplo al Gobierno en cuanto a la refundación de múltiples entidades y puestos públicos que desempeñan prácticamente las mismas funciones.
Con la supresión de carreras que eran verdadero lujo y que por demás prácticamente sólo existían en el papel, pero que implicaban gastos, la UASD procedió de la forma en que aconseja la racionalidad. Si algo tiene de censurable la medida es que se haya esperado tanto tiempo para tomarla.
