Enerolisa Benz Victoriano era de una profesora de 47 años de edad que fue muerta en su residencia de Canastica, San Cristóbal, cuando resistió un atraco. El suceso podrá ser uno de muchos, incluso horrendo, pero su connotación expone el auge que ha cobrado la ola de violencia que azota a la población. La profesora estaba en su residencia cuando cuatro rufianes armados llegaron con el propósito de despojarla de sus bienes. La resistencia fue la primera reacción, pero el gesto le costó la vida. Hay una violencia desbordada, cuya dimensión escapa a los controles de la Policía. Factores como el desempleo, la impunidad, el desorden institucional, la mentira, el costo de la vida y hasta la crisis en los servicios influyen en la inseguridad que recorre el territorio. Además de la delincuencia común, el clima se torna más escabroso por el sicariato que han reconocido las propias autoridades. Es de gran alivio que los autores de la muerte de la profesora de San Cristóbal hayan sido capturados. Pero el gran desafío está en desmontar la atmósfera que propicia la ola criminal y la inseguridad que prima en la población. Sin que nadie se llame a engaño.
