La reforma fiscal no ha entrado en vigencia, pero desde ya amplios sectores le atribuyen parte del desconcierto que caracteriza las navidades. La inseguridad ciudadana, por un lado, y las alzas de precios, por el otro, han bajado el ánimo de la gente, que es mucho decir en un país donde un par de pesos en el bolsillo es sinónimo de fiesta.
Los comerciantes han tenido que reconocer, muy a su pesar, que el bono navideño en el sector público no se ha sentido.
Y es que además del temor a una delincuencia que hace ola, que diariamente cobra nuevas víctimas, muchos han expresado que la vida se ha puesto muy cara desde que se aprobó la reforma. El ánimo de la gente debe servir de termómetro a las autoridades para auscultar la realidad que se vive.
No hay conformidad y se teme que a partir de enero, cuando entre en vigencia la reforma, las condiciones de vida empeorarán. La misma criminalidad y la delincuencia son relacionadas por especialistas tanto con las dramáticas condiciones de vida como con la crisis de expectativas, además del ingrediente de la impunidad. El cuadro es para sacar conclusiones reales y no virtuales.

