La ministra francesa de Relaciones Exteriores está en el centro de una tormenta mediática por unas vacaciones en Túnez en medio de la revuelta contra el dictador Ben Ali. Para colmo de males ha salido a relucir que los padres de Alliot-Marie invirtieron 325 mil euros en una empresa propiedad de un miembro del clan del depuesto dictador tunecino. El escándalo comenzó al determinarse que la ministra pasó tres días en un lujoso balneario al que se desplazó desde el aeropuerto de Túnez en un avión privado puesto a su servicio por un empresario ligado al depuesto dictador. La prensa francesa ha dado cuenta de que la canciller conversó por teléfono con Ali en medio de la revuelta que lo hizo salir del poder. El gobierno de Francia se mostró particularmente indulgente con el depuesto dictador, mientras la diplomática, según los medios galos, se ha enredado en contradicciones sobre las polémicas vacaciones en la nación árabe. Por el escarnio para la diplomacia francesa, los medios y la oposición han pedido la renuncia de la ministra, en tanto el presidente Sarkozy ha señalado que las vacaciones en Túnez no fue muy buena idea.
