La Justicia de Brasil se ha afianzado como una de las más reputadas de la región con la histórica sentencia contra influyentes funcionarios del Gobierno de Lula da Silva y prominentes dirigentes del partido en el poder imputados por corrupción. Los nombres más sonoros entre los 25 políticos y empresarios condenados por disponer de los recursos del poder para financiar ilegalmente la campaña electoral de 2002 del Partido de los Trabajadores son el exministro de la Presidencia, José Dirceu, también mano derecha de Lula da Silva, y el antiguo tesorero Delubio Soares. Hasta tres diputados encontrados culpables de recibir sobornos fueron despojados de sus escaños.
La imagen de la presidenta Dilma Rousseff ha quedado fortalecida con un juicio que representa a todas luces el mejor mensaje contra la corrupción administrativa. Pero los grandes lauros son para la Justicia brasileña por la independencia que exhibió ante el poder político.
Pese a los avances que han colocado la economía brasileña entre las primeras 10 del planeta y la reputación de la presidenta Rousseff, la gente había tomado las calles para reclamar sanciones contra la corrupción.

