El pánico no dejar de cundir en la población en materia de violencia callejera e intrafamiliar. A los múltiples feminicidios que durante el año la han mantenido en vilo se agregan casos no menos espantosos y siniestros como el del hombre, identificado como Carlos Porfirio García Nolasco, de 50 años de edad, que tenía en el bául de un carro a su exesposa, amordazada y amarrada, para quemarla y enterrarla.
Al detenerlo durante un operativo en el sector El Almirante, la Policía se sorprendió al encontrar un pico, una pala, gasolina en un envase y fósforos en el vehículo. Wanda Martínez, la mujer, aprovechó para liberarse del secuestro.
Pero tampoco fue todo. En San Cristóbal, agentes de la Policía rescataron a una muchacha de 15 años que era transportada, evidentemente bajo secuestro, en la cajuela de otro vehículo. Son ejemplos que ameritan respuestas más contundentes que los mensajes, caminatas y llamados contra la violencia tanto de género como callejera. En ambos casos se trata de secuestro, una práctica que en adición a los crímenes, atracos, asaltos y feminicidios infunde más miedo en la población. Las autoridades tienen que saberlo.

