Los feminicidios no cesan. La muerte de otras dos mujeres en Moca y La Vega suena con más estridencia la alerta roja sobre la violencia de género que ha sumido la población en la impotencia. Desde los primeros crímenes había que pasar de los lamentos y condenas mediáticas a la elaboración de una real y eficaz estrategia para contener los feminicidios.
Elber Fernando Díaz y Leonel Reynoso, victimarios y exesposos de las dos mujeres en La Vega y La Guama, de Cayetano Germosén, tenían órdenes de alejamiento, que, como en otros casos, no impidieron la ejecución de los hechos. Si una acción judicial es insuficiente para evitar un crimen, las marchas, campañas y otras actividades, algunas publicitarias, se quedan como luces de bengala. Esa ineficacia suele cubrirse con unas estadísticas que la realidad desmiente a cada momento.
Los casos de Rosa Iris González, de 28 años, y María Isabel Ozoria, de 42, representan otro sonoro llamado sobre la dolorosa y luctuosa violencia de género. Por las razones que fueren, cada mujer muerta por su pareja o expareja trastorna el estado emocional de la población.

