El secretario general de Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, y el ex presidente de Estados Unidos Bill Clinton visitarán esta semana a Haití, convertido hoy en barril de pólvora a punto de estallar a causa de su gravísima crisis económica, tintada de hambruna.
Ki-moon y Clinton llegan a Puerto Príncipe para expresar apoyo a un plan de acción económica que pretende emprender el presidente Rene Preval, aunque no se sabe de dónde provendrían los recursos para financiar tan urgente iniciativa.
En vez de coadyuvar con los esfuerzos que al interior de esa empobrecida nación se realizan para evitar el holocausto social, la Casa Blanca ha negado el pedido de Préval para que se detengan las repatriaciones masivas de indocumentados haitianos.
La presencia en Haití del secretario de la ONU y del ex jefe de la Casa Blanca ha de tener algún valor, aunque sea simbólico, para, de nuevo, llamar la atención del mundo sobre el drama de ese pobre pueblo.
La verdad es que si tan distinguidos visitantes no llevan noticias esperanzadoras sobre flujo de recursos para paliar la miseria y relanzar la economía, serán mayores las probabilidades de que ese barril de pólvora estalle en mil pedazos.
