Los 750 millones de dólares que tiene el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para República Dominicana en este año no pueden verse como una suerte de privilegio.
Siempre que haya garantía para pagarles los organismos financieros no tienen problemas con la erogación de recursos a favor de ningún Estado. Son los gobiernos los que tienen que evaluar muy bien las necesidades de créditos internacionales.
Y es sabido que en muchas ocasiones lo que manda no es el endeudamiento sino que los gobiernos efectúen los ahorros necesarios para obras de infraestructura.
El representante del BID, Manuel Labrado, explicó que de la cartera de 750 millones de dólares unos 630 serían destinados a proyectos relacionados con electricidad, salud e inversión en carreteras. Los restantes serían para el sector privado.
De entrada, los recursos incrementarían la deuda externa, que ya está bastante alta. Las protestas sociales en demanda de obras sugieren que cuantiosos créditos internacionales no han llenado su cometido.
Teóricamente el concepto suena como una sinfonía, pero la realidad suele ser otra, casi siempre dolorosa a largo plazo. Por ejemplo, dijo Labrado que 50 millones serán desembolsados para préstamos de inversión, 300 millones para apoyo presupuestario y 300 para el programa de liquidez del Banco Central.
Si los recursos no están consignados en el Presupuesto para este año entonces se trata de nuevos endeudamientos. De lo contrario, no se ha hecho más que garantizar la adjudicación de los fondos.
