Para entender la magnitud de la crisis económica y financiera que abate a las sociedades industrializadas de hoy, es menester decir que en Estados Unidos centenares de familias, de las miles que han perdido sus viviendas, se cobijan en improvisadas casas de campaña o en hoteles baratos pagados por las ciudades.
Quienes sufren ahora de esas extremas limitaciones económicas y de calidad de vida no pertenecen a la franja de millones de estadounidenses que por toda su vida han sufrido marginalidad, sino a familias que hasta hace poco poseían dignos hogares dotados de todas las comodidades.
Uno de esos campamentos para quienes han perdido sus empleos y casas alberga ya a más de 400 familias y recibe un promedio de 30 a 40 núcleos familiares por día, lo que ofrece una idea de los terribles efectos de la crisis económica en lo que todavía se reputa como la primera economía del mundo.
El alcalde de la ciudad de Sacramento ha sugerido que esos improvisados campamentos se conviertan en viviendas permanentes, pues no cree que por ahora esas familias puedan retornar a la actividad productiva que les permita recuperar techos propios.
Es menester recordar que Estados Unidos pierde más de 700 mil empleos cada mes y que millones de familias han perdido o están en riesgo de perder sus casas a causa de lo que bien puede definirse como la peor crisis económica y financiera que ha padecido el mentado primer mundo en 80 años.
