Página Dos

Cójanlo

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Sorprende que el superintendente de Electricidad, Francisco Méndez, se desquitara con las distribuidoras el ramalazo de Celso Marranzini sobre la ineficiencia que le enrostró contra el fraude eléctrico. Para Méndez el problema no está en los fraudes que no se castigan denunciado por el vicepresidente de la Corporación de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE), sino en que las distribuidoras han fracasado en los cobros. El funcionario consideró que las distribuidoras cuentan apenas con 1.4 millones de clientes cuando deberían tener no menos de tres millones. Pero una cosa no justifica la otra. Es posible que no se haya hecho el trabajo para captar nuevos clientes, pero eso no significa que no se deba actuar contra los fraudes, que, dicho sea de paso, no son cometidos por los más carenciados. Lo que pasa es que Marranzini se la puso dura a la Superintendencia de Electricidad al acusarla de no cooperar para mejorar y despolitizar el servicio eléctrico. Pero en lugar de enfrentar al vicepresidente de la CDEEE, Méndez prefiere echar el pelito con las distribuidoras, que lucen las más débiles y que si no cobran es porque no las dejan.

El Nacional

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