La huelga general y las manifestaciones masivas que se han registrado en Francia podrían ser la chispa de movimientos en los confines del planeta frente a la devastadora crisis económica que se siente por todas partes.
Millones de franceses han tenido que salir a las calles para reclamar al presidente Nicolas Sarkozy medidas más eficaces a favor de la recuperación de la economía y contra la pérdida de empleos.
Sarkozy las había tenido todas consigo, sobre todo a partir del descalabro de la oposición encabezada por el fracturado Partido Socialista. Pero los franceses se han cansado de las poses de su gobernante y el vodevil de la primera dama Carla Bruni.
Millones de franceses de más de 200 ciudades dejaron de trabajar para protestar contra la destrucción del empleo y la insuficiencia de las medidas del Gobierno para enfrentar la crisis. Las centrales obreras que auspiciaron los movimientos están preocupadas por el escaso margen que atribuyen a Sarkozy para encontrar soluciones urgentes.
Otros países podrían invocar las mismas causas que los franceses para reclamar en las calles soluciones al desempleo y a la disminución de la calidad de vida a causa de la crisis económica. Lo de Francia podría ser el detonante.
Al menos en Europa las movilizaciones dejan beneficios, pues los gobiernos las toman como real termómetro de la situación. En islas como Martinica y Guadalupe encendidas protestas sociales han logrado arrancar al Gobierno francés ayudas especiales.
La suerte está echada.
