Página Dos

CÓJANLO

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El presidente Barack Obama concluyó sin pena ni gloria la gira de cinco días por América Latina, que incluyó Brasil, Chile y El Salvador como parte de un acercamiento de Estados Unidos con la región. El periplo se redujo más bien a un reconocimiento protocolar de los avances políticos y económicos que se han registrado en las tres naciones. Pero los capítulos que tenían que ver con un nuevo marco en las relaciones de Estados Unidos y la región, como el migratorio, brillaron por su ausencia. Brasil y Chile gozan del reconocimiento internacional que ponderó Obama como uno de los cambios positivos que se registran en la región. Pero el mandatario estadounidense no presentó en ninguno de los países que visitó un plan concreto para mejorar las relaciones diplomáticas y comerciales con la región. En Chile se le criticó la censura contra las supuestas violaciones de los derechos humanos en Cuba, sin que se arrepintiera del apoyo de Estados Unidos a golpes y dictaduras militares como la de Augusto Pinochet. La gira careció de esplendor, a tal punto que el Obama que anduvo por la región no era el que se esperaba. Su periplo se limitó a una presencia física.

 

El Nacional

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