Página Dos

CÓJANLO

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Los más de 7,500 muertos   sólo en 2011 refleja la dimensión del baño de sangre con que el Gobierno ha tratado de conjurar las demandas sociales de justicia y libertad. El presidente Bachar al Asad, en su afán de mantenerse en el poder a como dé lugar, no ha vacilado en desplegar sus tropas contra los sectores que han osado tomar las calles para pedir su renuncia. El exsecretario general de las Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, ha sido designado por esa organización y la Liga Arabe para promover una solución pacífica a la crisis en Siria. Ante un gobernante cada vez más aferrado al poder como Bashar al Asad, la tarea es difícil, pero no imposible. Lo que no se puede es seguir de brazos cruzados ante la violencia y las violaciones a los derechos humanos que han convertido a la nación árabe en un infierno. La misión de Annan es vital en estos momentos. Los sirios han demostrado que no se dejarán amedrentar por el poderío exhibido por el régimen para ahogar sus reclamos de justicia, libertad y democracia. Lo único objetable a la misión del exsecretario general de la ONU es que se interveniera en la crisis después de correr tanta sangre.

El Nacional

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