Sería una sensible estocada que por prepotencia, intrigas e intereses no deportivos pueda fracasar el torneo de baloncesto superior de Santiago.
Los incidentes ocurridos el domingo, cuando el caos y la anarquía se apoderaron del tabloncillo, envían una señal preocupante. En un partido entre los clubes Pueblo Nuevo y Sameji la disciplina y la armonía brillaron por su ausencia.
Todavía así cabe esperar que se trate de incidentes aislados, sin importar lo inquietante, y no parte de la conflictiva atmósfera que ha caracterizado el movimiento deportivo.
Por intereses de diversa índole los pleitos se ha convertido en una constante. A veces se tiene la impresión de que los sucesivos conflictos responden a alguna maniobra para decapitar el deporte olímpico.
Son contadas las federaciones que no han tenido ruidosos conflictos internos, llegando en ocasiones hasta los tribunales.
El Superior de Baloncesto de Santiago es de las competencias que todavía ofrecen atractivos y niveles de competitividad, pero incidentes como los del domingo tornan su futuro incierto.
Trompadas, empujones, agresiones verbales e incursiones en el tabloncillo de directivos de equipos y del público caracterizaron los incidentes que tanta preocupación han generado sobre la suerte del baloncesto en Santiago. Lo ocurrido con el baloncesto capitaleño puede servir de ejemplo a los organizadores.
