Página Dos

CÓJANLO

CÓJANLO

Ni los muertos pueden descansar tranquilos en los camposantos como consecuencia de la ola delictiva que perturba a la población. La profanación y saqueo de tumbas en cementerios como el Cristo Redentor es la mejor muestra de la dimensión alcanzada por el vandalismo callejero.

Sacar cadáveres de sus nichos para cargar con algún objeto de valor con que hayan sido sepultados es una acción tétrica y despiadada, que refleja la descomposición que cunde en la sociedad.

Frente a los saqueos de bandas de antisociales los muertos no descansan en paz en cementerios como el Cristo Redentor. Pero los actos, conforme a las denuncias, se han tornado habitual de cualquier camposanto.

Tanto en el de la Máximo como en el de Cristo Rey se han denunciado profanaciones de tumbas. También en el cementerio de Los Mina.

Para robar en templos sagrados, como cementerios, iglesias y casas de beneficencia, hay que no tener ningún sentimiento. Pero con la denuncia del Sindicato de Trabajadores de la Construcción del Cristo Redentor las autoridades están alertadas.

El gremio precisó que de las tumbas se roban las argollas, los materiales de construcción, las letras de metal y todo lo que pueda tener algún valor.  Se trata de una práctica lamentable y censurable.

No se puede permitir ese vandalismo que altera la paz de los cementerios y afecta a los dolientes. Ojalá que las autoridades puedan actuar para por lo menos evitar que los camposantos sea también nichos de la delincuencuencia callejera.

El Nacional

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