El expresidente Jean Bertrand Aristide ha sido colocado en la picota en Haití a través del juicio, de repercusiones impredecibles, que se ha anunciado en su contra. Si se trata de un espectáculo la investigación por narcotráfico contra el exgobernante y colaboradores suyos, sin duda que puede tener un costo social y político bastante alto para el Gobierno. Es posible que frente a los conflictos que ha debido sortear, incluyendo la incertidumbre que se ha planteado con la renuncia del primer ministro, el presidente Michel Martelly necesite algún ingrediente para distraer a población. Tampoco puede descartarse que se trate de una provocación, con las consecuencias sociales que se sabe tendría un proceso judicial contra Aristide, uno de los políticos más populares de Haití. No es que el exgobernante no se pueda procesar por algún tipo de delito. De ninguna manera. Pero que el juicio coincida con conflictos que amenazan la gobernabilidad no deja de llamar la atención. A todo, algo que salta a la vista es que el derrocado exgobernante está en la mira del Gobierno de Martelly. Pero lo más probable es que apunte hacia el objetivo equivocado.
