Página Dos

CÓJANLO

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Se presta a toda suerte de reflexión sobre una cruda realidad el estudio en el sector de Herrera, según el cual el 24 por ciento de estudiantes con edades entre 13 y 18 años ha abortado alguna vez.

Sabrá Dios las circunstancias en que esas jóvenes interrumpieron embarazos no deseados con riesgos para la salud. No puede tampoco descartarse que en la operación algunas perdieran la vida.

Gente de escasos recursos económicos no puede ir a centros que cuentan con equipos modernos y especialistas. Tienen que practicarse el aborto en centros de mala muerte, expuestas a los peores riesgos. De hecho, así lo reconocieron muchas entrevistadas.

El levantamiento de que dio cuenta la encargada de la unidad de atención primaria de la Secretaría de Salud Pública en Las Palmas, Herrera, es un excelente parámetro para abordar la problemática.

Es escandaloso que un 24 por ciento de estudiantes de varias escuelas nocturnas de Herrera haya abortado. No hay que dar mucha vuelta para entender que la práctica constituye un desafío para la sensatez.

Y evidencia que la penalización no es traba para que adolescentes interrumpan un embarazo, en el que pudo incidir la falta de prevención u orientación. Lo deseable es que no existiera el aborto en ninguna de sus expresiones.

Si sólo en Herrera un número tan elevado de jóvenes en algún momento ha abortado, como reveló la doctora Adriana Mateo, es para que el problema se vea en su justa dimensión.

El Nacional

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