Los conflictos en detrimento de los consumidores generados por los permisos de importación de azúcar y otros rubros agropecuarios invitan a una revisión justa del procedimiento. La amarga experiencia sugiere, de entrada, la necesidad de tomar en cuenta a todos los sectores a la hora de otorgar permisos para importar artículos que escasean en el mercado.Lo ideal sería fortalecer el aparato productivo para exportar en lugar de importar. Pero, ante el hecho consumado, no queda más que buscar un arreglo armonioso, que proteja a los consumidores frente a las escaseces y las alzas de precios. Si se transparentan las reglas de juego, tomando en cuenta a todos los actores, se evitan las quejas sobre supuestos privilegios en la asignación de cuotas, como la enarbolada por una empresa importadora de granos que acusó a las autoridades de excederse en sus atribuciones, ni los consumidores se exponen a las consecuencias de los conflictos. Las autoridades deben sentarse en la mesa del diálogo con los importadores de azúcar y granos para zanjar las diferencias que han surgido con las criticadas licencias. Es el mecanismo más idóneo para resguardar a los consumidores.
