Pretender extender hasta las universidades las acrobáticas denuncias sobre discriminación contra la inmigración haitiana parece una exageración que sólo se justifica por la necesidad de realizar algún estudio o encuesta de esos que son financiados por ONG de factura foránea.
Estudiantes haitianos que cursan carreras en universidades dominicanas padecen similares vicisitudes que las que confrontan docentes criollos en centros de estudios superiores de Estados Unidos o Europa, sin que en ningún modo esas limitaciones entrañen uso o empleo de políticas discriminatorias.
No debería usarse como evidencia de discrimen, el hecho de que alumnos haitianos se congreguen en especie de colonias durante sus ratos libres en las universidades, porque, entonces, esa xenofobia, la padecen estudiantes dominicanos de provincia, que hasta poseen sus propias embajadas en el campus central de la UASD, donde se congregan como si fueran etnias segregadas.
En el estudio de referencia no se menciona el hecho de que el propio Presidente de la República ha sostenido encuentros con núcleos estudiantiles haitianos y al menos les ha prometido todo el concurso del Estado para que cursen y culminen satisfactoriamente sus carreras.
La secretaria de Educación Superior, Ligia Amada Melo, ha señalado que muchos de esos estudiantes reciben becas y otras facilidades del Gobierno nacional y algunos han ganado premio por excelencia estudiantil. ¿Qué más se quiere?
