En menos de cien días como inquilino de la Casa Blanca, Barak Obama consolida un discurso que lo perfila como uno de los presidentes más liberales en los más de 200 años de historia republicana de Estados Unidos.
Obama ha abordado con tinte o rasgo progresista la crisis financiera global, las relaciones con Cuba, las guerras de Irak y Afganistán, el conflicto de Medio Oriente y los nexos con Irán y Corea del Norte.
Hay mucho de racionalidad, sentido de equidad y buen juicio en la política llevada y aplicada por la administración de Obama, aunque se diría que es todavía temprano para confirmar tales juicios sobre el primer presidente afroamericano de Estados Unidos.
Ayer mismo Obama formuló un llamado a la comunidad internacional para que todas las naciones se unan y resuelvan juntamente todos los problemas y desafíos que confronta el mundo de hoy, como la recesión, terrorismo, cambio climático y la proliferación nuclear.
En aparente rompimiento con el viejo dogma imperial de que Washington puede solo contra todos, el presidente Obama plantea ahora que ningún país, independientemente de lo poderoso que sea, puede afrontar estos desafíos por si solo. El hombre va bien.
