Las trabas que limitan la cobertura del Sistema de Seguridad Social se han convertido en una suerte de nudo gordiano. Abundan las denuncias, pero no hay forma de que el malestar, del que se culpa principalmente a las Administradoras de Riesgos de Salud, se superen. Ahora se ha dado cuenta de las peligrosas dificultades que afronta cualquier asegurado para que su ARS cubra el costo de enfermedades de alto riesgo como hipertensión, problemas coronarios, diabetes y alteraciones por concentración de grasas. Pese a las múltiples quejas y protestas, la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales no asume, conforme a las propias autoridades, la responsabilidad que le compete como regulador del sistema. Profesionales tan prominentes como Pedro Báez, cirujano oncólogo, y el cardiólogo hemodinamista Pedro Ureña han señalado que legalmente muchas enfermedades están cubiertas por los seguros, pero el calvario comienza con el proceso para autorizarlas. Como si se tratara de una trampa que la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales no se ha atrevido a afrontar. Y puede que el problema sea más grave todavía.
