Al rechazarse la mediación de la Iglesia Católica, bajo el alegato de que la solución a la crisis del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) tiene que ser institucional, sus dirigentes entonan el réquiem de esa histórica organización. La institucionalidad de ese partido está demasiado cuestionada y contaminada para ser enarbolada como la única fórmula para zanjar la confrontación interna.
Obstinarse en esa posición, sin dejar el menor margen a la negociación, fomenta las tensiones, además de constituir un desaire para la Iglesia Católica.
El cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, quien no se ha caracterizado por sus buenas relaciones con el perredeísmo, sorprendió al decir que estaba dispuesto a mediar en la crisis.
Lo mismo han declarado otras figuras del clero católico. Pero antes que el diálogo para explorar una salida a la crisis Miguel Vargas Maldonado, que por ahora tiene el control legal y financiero del PRD, se inclina por las decisiones del Tribunal Superior Electoral (JCE). De esa forma conserva el control, pero jamás de un partido que, pese a la división, fue el más votado en las últimas elecciones, sino de una entelequia.
