El saliente presidente de México, Felipe Calderón, concluye su mandato con uno de los puntos más luminosos en la lucha contra el narcotráfico con la muerte del jefe del cártel Los Zetas. Que un comando armado haya robado el cadáver de Heriberto Lezcano Lezcano (El Lezca) no le devolverá la vida al violento capo, quien construyó su imperio criminal a base de muertes y torturas. La muerte de El Lazca, quien cayó en un enfrentamiento con tropas de la Marina, ha propiciado conjeturas sobre el negocio de las drogas. Pero lo cierto es que a pesar de la alteración del mapa del narcotráfico en México, y posiblemente en la región, la caída del capo ha sido una victoria para el saliente gobernante. Más si se agrega la caída de otros caudillos del narcotráfico como Arturo Beltrán Leyva (El Barbas) y Joaquín El Chapo Guzmán. El Lezca había desertado con otros miembros de la unidad élite del Ejército para convertirse en la guardia pretoriana de Osiel Cárdenas, líder del cártel del Golfo. Tras la captura de Cárdenas, en 2003, organizó Los Zetas, y la convirtió en la pandilla más temible y violenta. Su caída ha sido una victoria en la lucha contra el narco.
