La imagen de República Dominicana en el exterior se resiente cada vez que un compatriota, como acaba de ocurrir en España, es implicado en asuntos de narcotráfico.
El negocio de las drogas se ha convertido en uno de los peores estigmas para una nación que es sindicada como puente en la exportación de cocaína y heroína a Estados Unidos y Europa.
La buena reputación de honrado y trabajador que el dominicano se había ganado en el extranjero ha quedado relegada frente a los frecuentes delitos en que incurren compatriotas.
Casos como la desarticulación de la banda conformada por dominicanos y colombianos que traficaba con cocaína y otras drogas en España afectan mucho esa buena imagen que a base de superación y trabajo había conquistado el dominicano.
Pero, lamentablemente, además de narcotráfico muchos compatriotas residentes en España han caído en el pandillerismo y la criminalidad. Se ha dado cuenta de peligrosas bandas lideradas por dominicanos.
En una operación bautizada Pelayo, 19 colombianos y dominicanos fueron detenidos con relación a una red que traficaba con cocaína en diferentes puntos de Galicia. Pero en otros operativos habían caído otros compatriotas.
A los apresamientos se agregan las detenciones de correos humanos, que no son otros que las mulas que viajan con el estomágo repleto de cocaína. También se añade la confiscación de cargamentos en naves procedentes de esta zona.
El drama es inquietante.
