Página Dos

CÓJANLO

CÓJANLO

La verdad es que algo tendrá que hacerse para combatir la música a alto volumen en bares y colmadones y todo tipo de ruido callejero que tanto exasperan a la población.

Vecinos de sectores residenciales como Piantini se han quejado de la música y los ruidos de negocios de bebidas que al parecer operan sin ningún tipo de control. Algunos se permiten violar hasta el espacio urbano con la instalaciones de sillas y mesas al borde de las aceras.

La música en vivo, con potentes bocinas cuyos decibeles inundan vecindarios, se han convertido en una rutina en muchos establecimientos de bebidas que funcionan en zonas residenciales. La Policía suele actuar en muchos casos, pero en otros la tarea se torna más difícil. Se tiene que ser más drástico si en verdad se quiere proteger a la ciuedadanía.

Además de incautar bocinas a los colmadones, tiene que actuar contra otras violaciones en que incurren establecimientos que también usurpan acercas y hasta parte de las calles.

El Caribe, con mucha propiedad, ha llamado la atención sobre el efecto de la contaminación acústica provocado por la música a alto volumen y los ruidos ensordecedores.

Existe una norma de protección contra los ruidos emitidas en junio de 2003 por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, pero al convertirse en letra muerta las “buenas relaciones políticas” y otros factores al parecer pesan más que el procedimiento.

La gente no sabe qué hacer con el ruido.

El Nacional

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