Ya no son propiamente los crímenes, sino sus características lo que colma de espanto a la población. Los casos de un joven que fue muerto a puñaladas cuando era atendido en la emergencia de un hospital y de otro acribillado de un cartuchazo mientras se recortaba en una peluquería traducen una conmovedora impunidad. Para colmo, la ola de feminicidios y suicidios, cuyo auge se ha convertido en motivo de preocupación para entidades como la Sociedad Dominicana de Psiquiatría, se acaba de cobrar otras dos víctimas. Es bien sabido que la criminalidad y la delincuencia han tornado muy frágiles la seguridad y el orden, pero aterroriza la impunidad con que muchos casos son cometidos. En medio del espanto sobre la encrespada ola de feminicidios y suicidios un vigilante estrangula a una mujer en un hotel y luego se ahorca. El caso es para preguntarse si hay algún elemento en la atmósfera que incite a los feminicidios y suicidios. La muerte de un cartuchazo de un joven mientras se recortaba en una peluquería de Baní subraya la impunidad que acompaña la violencia que sacude a la población. Se trata de desafiantes testimonios
