Página Dos

Cójanlo

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Decenas de miles de estudiantes cursan carreras en el recinto principal de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), pero  menos de una  docena de supuestos  alumnos se dan el lujo de provocar desórdenes que obligan a la suspensión de docencia, como ocurrió el viernes, cuando   encapuchados lanzaron piedras y quemaron neumáticos en supuesto reclamo para que la administración  del nuevo hospital oncológico sea transferida a la UASD. Debe  haber otra forma de  encaminar ese pedido  que no sea el de que un grupito de vándalos ponga en peligro la vida de estudiantes, profesores y  empleados y que por sus acciones de violencia  se obligue a suspender  docencia. Las autoridades de la Universidad Autónoma demuestran debilidad o falta de carácter al permitir tales acciones  sin imponer las debidas sanciones a quienes perturban  el clima de sosiego imprescindible para poder estudiar. El miedo es libre.

El Nacional

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