Decenas de miles de estudiantes cursan carreras en el recinto principal de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), pero menos de una docena de supuestos alumnos se dan el lujo de provocar desórdenes que obligan a la suspensión de docencia, como ocurrió el viernes, cuando encapuchados lanzaron piedras y quemaron neumáticos en supuesto reclamo para que la administración del nuevo hospital oncológico sea transferida a la UASD. Debe haber otra forma de encaminar ese pedido que no sea el de que un grupito de vándalos ponga en peligro la vida de estudiantes, profesores y empleados y que por sus acciones de violencia se obligue a suspender docencia. Las autoridades de la Universidad Autónoma demuestran debilidad o falta de carácter al permitir tales acciones sin imponer las debidas sanciones a quienes perturban el clima de sosiego imprescindible para poder estudiar. El miedo es libre.
