El gordo iberoamericano, el nuevo sorteo que patrocina la Lotería Nacional, ha tenido el efecto de un tsunami en el mercado de las apuestas. De entrada se alega que con la adjudicación grado a grado del sorteo a un consorcio se violó la ley 340-06 sobre compras, contrataciones y concesión de obras públicas. Se ha publicitado que El gordo iberoamericano, al que entre tantas vueltas se ha relacionado con el padre del administrador de la Lotería, sorteará 250 millones pesos semanales, es un sorteo garantizado por la Sociedad Estatal de Lotería y Apuestas de España y administrado y vendido por el consorcio Dream Loto, Dream Casinos y Dream Sports. Para más, se alega que el consorcio enfrenta múltiples demandas.
Por las sombras que han surgido, el Ministerio de Hacienda y la Procuraduría General de la República tendrán que aclarar si para el nuevo sorteo se ha cumplido con los trámites legales. La siempre cacareada creación de más empleos e ingresos al fisco no es lo que está en juego. Ni siquiera la competencia en el mercado. Y lo de más juegos de azar en una nación saturada de bancas y de un oneroso impuesto a la esperanza es harina de otro costal.
