A causa del preocupante conflicto sobre el intercambio de mercancías por la frontera, los haitianos le han dado a beber a la Federación Nacional de Transporte Dominicano (Fenatrado) su propia medicina.
Parece un chiste de mal gusto en un momento inapropiado. Pero Fenatrado ha podido darse cuenta de cuán funestas resultan la violencia y la impunidad en las relaciones comerciales.
Los camioneros haitianos han empleado el mismo método que se atribuye a Fenatrado para controlar en forma de monopolio el transporte de mercancías.
Blas Peralta, presidente del gremio empresarial, denunció que más de 50 camiones y patanas cargados de alimentos y otras mercancías están varados en Jimaní por miedo a los ataques a tiros y pedradas si penetran a territorio haitiano. Los transportistas haitianos reclaman el 50 por ciento de la carga para dejar entrar a su territorio los camiones de Fenatrado. Si es así, lo que procuran es reglas de juego.
La respuesta de Peralta ha sido colocar los símbolos patrios en los camiones de Fenatrado, además de armar a los conductores y ayudantes. Aunque los embajadores de los países median en la solución del conflicto tampoco se puede tolerar que particulares fomenten las tensiones.
El conflicto se presta para que se regule el comercio y la migración entre los dos países sobre la base de reglas y leyes que se cumplan y respeten. Tan censurable es que los camioneros haitianos impongan sus propias normas sobre el transporte en su país como que lo haga Fenatrado aquí.
