El presidente Barack Obama está tan encantado con el gesto de pagar más impuestos del multimillonario Warren Buffett que pretende convertirlo en una ley para todas las grandes fortunas. Y es que Obama piensa que los ricos no sólo deben pagar más impuestos, sino que es la mejor opción para reducir el déficit fiscal que afronta Estados Unidos. Si bien ha enarbolado la tesis desde que se lanzó al ruedo político, la campaña electoral lo ha estimulado todavía más. La propuesta es un desafío frontal, que puede ser peligroso, a las huestes republicanas. Divididos como están, el debate sobre el incremento de la carga tributaria puede convertirse en el eslabón de la unidad. Los intereses pueden pesar más que las diferencias ideológicas. Aunque la propuesta tampoco sea una exageración. Sólo procura elevar hasta un 30 por ciento la carga impositiva a las rentas superiores al millón de dólares al año. En Estados Unidos ocurre que las rentas salariales están gravadas con un porcentaje superior que el aplicado a las ganancias de capital. Con la reforma Obama espera tanto corregir lo que considera distorsiones como mejorar la salud de la economía estadounidense.
