En tiempo récord la Policía Militar Electoral ha determinado que la muerte de un balazo en el pecho de un dirigente perredeísta durante una confrontación ocurrida el domingo en San Víctor, Moca, con seguidores del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) no fue por asuntos políticos. Pese a la refriega que se observa en un vídeo, en que aparecen varias personas lanzando piedras y blandiendo armas de fuego, la investigación arrojó que Antonio Peña Ramos murió en un enfrentamiento personal con José Rafael Camacho (Bobo), quien está detenido. La hipótesis de que el dirigente perredeísta fuera víctima de un acto de venganza había aflorado desde un primer momento. En tal caso no ha hecho más que confirmarse, pese a otras interrogantes. Si bien cita como testigo a Jesús Caraballo Aybar, de la Comisión de los Derechos Humanos, hay que confiar en que la Policía ató todos los cabos para sustentar la conclusión. Aún así, no se puede negar la confrontación durante un bandereo entre peledeístas y perredeístas ni tampoco la profusa exhibición de armas de fuego. Es lo que ahora debe
