¿Qué suerte tienen los representantes de la Sociedad Comercial Terma de la Salamandra para que, sin solvencia económica, el Senado le concediera la construcción de un complejo hotelero en Barahona?
Después del escándalo con la adjudicación grado a grado del hotel Montaña, de Jarabacoa, se pensaba que por lo menos se guardaría la forma en concesiones como la que se acaba de otorgar para el proyecto turístico.
Ni el salchichón tiene tanta suerte como los ejecutivos de esas empresas que son favorecidos, no se sabe a cambio de qué, con tan fabulosas condiciones.
Al presidente de la comisión de justicia del Senado, licenciado Francisco Domínguez Brito, no le valieron los argumentos para que se rechazara el contrato por 99 años a favor de la Sociedad Comercial Terma de Salamandra.
Para justificar el insólito privilegio el presidente del cuerpo legislativo, licenciado Reinaldo Pared, se apoyó en un adendum según el cual sería rescindido si la empresa no cumple. El colmo sería que un convenio no estableciera tales obligaciones.
Lo que más ha llamado la atención no ha sido la concesión por 99 años, sino el capital de 500 mil pesos que declaró la firma para construir el complejo estimado en unos 564 millones de dólares. ¿Será con el aval del Estado?
Según Domínguez Brito, además de capital la compañía tampoco tiene garantía de créditos. ¿Y entonces?
