Página Dos

CÓJANLO

CÓJANLO

Estados Unidos no está dispuesto a sepultar en vida a la Organización de Estados Americanos (OEA) por más que se le considere un cadáver. En su primera reacción sobre la conformación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), Washington ha reivindicado el papel de la OEA en los conflictos de la región. Esa defensa evidencia el pulso político que Estados Unidos, que fue excluido junto a Canadá de la integración de la Celac, está dispuesto a librar en favor de la superivivencia de una desacreditada e ineficaz OEA. Y también imprime un nuevo giro a las relaciones con la región. La OEA se evidenció como instrumento de los intereses de Washington desde que legitimó invasiones armadas como la que sufrió este país en 1965. Y más recientemente con la clara parcialización a favor de Colombia en los conflictos protagonizados por ese país, durante la gestión del expresidente Alvaro Uribe, con vecinos como Ecuador y Venezuela. La independencia económica ha dado más libertad a la región. La correlación de fuerza  no es la misma  de los tiempos en que Washington tenía un control casi absoluto.

El Nacional

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