Corea del Norte se arriesga a apostar todas sus fichas en una sola jugada de carácter político militar, como es la de persistir en su programa nuclear, pese a las amenazas de sanciones económicas y diplomáticas de la comunidad internacional.
El régimen de Kin Jong-II ha ido más lejos de la cuenta, no sólo al profundizar sus ensayos bélicos con pruebas de lanzamiento de misiles con ojivas nucleares, sino que ha rechazado el armisticio que puso fin a la guerra con Estados Unidos, en 1953, lo que ha colocado a la península coreana de nuevo en riesgo de un estallido bélico.
A contrapelo de Naciones Unidas, Estados Unidos, Unión Europea, Japón y Rusia, los norcoreanos prueban todo tipo de misiles, la mayoría con poder de daño varias veces superior a la bomba atómica que destruyó a Hiroshima.
Además de desafiar a la comunidad internacional, Norcorea ha advertido que declarará la guerra a Corea del Sur, en caso de que cualquier contingente militar intente detener a uno de sus buques en el mar Amarillo, zona marítima en litigio con Seúl.
Aunque las posibilidades de un conflicto nuclear parecen remotas, no hay que olvidar que Corea del Sur ha puesto a sus 670 mil tropas en estado de alta alerta, que Estados Unidos tienen 28 mil marines en su base coreana y 50 mil en Japón. Hay razones para el temor.
