Por el choteo con que ha sido recibida la propuesta, sólo a través de su mayoría mecánica en las cámaras legislativas el Gobierno podría imponer nuevas cargas fiscales para mejorar las recaudaciones.
Antes que más impuestos ha habido unanimidad en economistas, dirigentes políticos y asociaciones empresariales en cuanto a que lo procedente en estos momentos es austerizar y priorizar el gasto público.
Otros piensan que, por descabellada, la fórmula propuesta por el secretario de Economía, Planificación y Desarrollo, ingeniero Temístocles Montás, ha sido una bola de humo para entretener a la opinión pública.
La propuesta se presta a suspicacias. Puede pensarse que con el crédito externo cerrado, como se ha denunciado, el Gobierno no tiene más opciones para mejorar sus recaudaciones que no sea una reforma fiscal.
En los primeros cinco meses de este año las recaudaciones han descendido en alrededor de seis mil millones de pesos. Pero también hay que señalar que esa reducción ha estado acompañada del desplome de los precios del petróleo y de un incremento del endeudamiento externo.
Vapuleado hasta con el cubo de agua, el Gobierno ha podido darse cuenta del sentir de importantes sectores con relación a la posibilidad de nuevos gravámenes. Por más personal que pueda ser la opinión del secretario de Economía, Planificación y Desarrollo.
Antes que con nuevo impuestos e incluso más préstamos la gente está con una reducción del gasto público para economizar recursos económicos.
