No importa quién sea ni qué hiciera. Lo que importa son las circunstancias en que fue acribillado el joven Ariel de la Rosa Familia, de 23 años, en el sector Villas Agrícolas. Sus clamores y los de su esposa y vecinos para que no lo mataran no impidieron que dos individuos que penetraron violentamente a su casa lo ejecutaran. Edgar y Chavito, como han sido identificados los victimarios, le propinaron un tiro en la cabeza y otro en la espalda y después se marcharon con la mayor tranquilidad. Padre de un hijo de tres años, De la Rosa Familia lloraba y clamaba piedad, pero los homicidas estaban decididos a arreglar esto hoy. Es lo que han contado testigos de un suceso que describe el nivel alcanzado por la criminalidad. Capturar y someter a la justicia a los responsables es insuficiente para acabar con la criminalidad si no se desmonta la atmósfera que propician muertes como la De la Rosa Familia. El caso es sólo otra muestra de la impunidad y el ambiente con que se quita la vida a cualquier persona. Si la Policía quiere, no le costará mucho esfuerzo dar con los victimarios de un crimen espantoso, que conmueve a la sociedad.
