Al firmar un convenio con la Cámara de Cuentas, el representante del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) soltó un misil al deplorar la ausencia de transparencia y supervisión en el Estado.
Aunque no se le suele dar mayor importancia, afirmaciones como la de Valerie Julliand provocan pánico. Se supone que los representantes de organismos internacionales opinan con conocimiento de causa.
El señalamiento del experto internacional abre todo un abanico de conjeturas sobre las estadísticas oficiales. Sin supervisión ni transparencia cuesta validarlas.
El acuerdo que el PNUD firmó con la Cámara de Cuentas procura fortalecer institucional, operativa y técnicamente al organismo, a fin de que pueda supervisar de manera eficaz el uso de los recursos públicos. Cabe esperar que no sea otro más.
Para un organismo que tampoco se ha caracterizado por su transparencia y eficacia, se trata de un solemnne compromiso. El PNUD tendrá que usar algún mecanismo de seguimiento para que el acuerdo no se atasque.
La falta de independencia de la Cámara de Cuentas es uno de los factores que más incide en las limitaciones para que el organismo cumpla su misión de supervisar y transparentar la función pública.
La Cámara de Cuentas es una entidad clave para institucionalizar la función pública. Pero la inercia que la ha caracterizado ha contribuido con esa ausencia de supervisión y transparencia en el Estado que ha denunciado el representante del PNUD.
