En matemáticas no tendría la menor complicación, pero en la cultura criolla el incremento de la generación y de los apagones es una ecuación que cuesta conciliar. Cuando no por una cosa, por la otra, pero lo cierto es que las interrupciones eléctricas siempre estuvieron asociadas al déficit en la generación. Ahora hay producción de sobra, pero los apagones, con el consiguiente incremento en las facturaciones, siguen por su fuero. Así está la cosa, como para que los usuarios se entretengan en algún tipo de ejercicio. De no ser un consuelo propio del engaño, el problema puede estar en que la energía hay obligatoriamente que pagarla, pero no siempre se logra cobrarla, por lo menos en los barrios populares o carenciados. No así en los de clase media, que son los que más sufren la crisis en todos los seentidos. A Celso Marranzini, vicepresidente de la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE), hay que reconocerle un gran esfuerzo para sanear el sector, pero los apagones y el alto costo constituyen su talón de Aquiles. No hay un sector del Distrito Nacional que no se haya quejado de las frecuentes interrupciones.
